Entrenar en ayunas…

Cuando a veces comento en mis publicaciones en las redes sociales que entreno en ayunas, se abren muchos debates. Hay quienes lo ven como una locura y quienes lo consideran una proeza…

Os diría que ni una cosa ni la otra. No es una locura, puesto que tiene una base científica muy sólida que lo apoya y lo argumenta, y la única proeza realizada es el hecho de romper con el cántico integrado por nuestras abuelas durante años,”come bien antes de entrenar, no vaya a ser que te de algo…”IMG-20150519-WA0002

El caso es que nuestras abuelas y madres lo han hecho muy bien (en otros aspectos) y con mucho cariño, pero no nos pasarán más que cosas buenas si entrenamos en ayunas (pero con cabeza). Sin entrar en complicadas explicaciones sobre fisiología humana, cuando entrenamos en ayunas, además de entrenar nuestros músculos, entrenamos nuestros sustratos energéticos. Enseñamos a nuestro organismo a betaoxidar grasa antes de la famosa hora y media, cosa que nos puede ayudar como estrategia para la preparación de carreras; primero porque tendremos que programar los avituallamientos de diferente manera y segundo porque el día de la carrera tendremos la opción de no ir en ayunas y tener un aporte extra de energía.

 

AIMG-20150519-WA0000demás, nos servirá para perder tejido graso sin me
ter mucho volumen de entrenamiento, cosa que nos toca en esta época del año.  Ahora que los entrenamientos no son demasiado largos y no estamos a contrarreloj,ir en ayunas es una buenísima manera de empezar a hacer una puesta a punto de calidad, regulando nuestro tejido graso y entrenando nuestra fisiología.

 


 Una vez hayamos salido a entrenar en ayunas, dependiendo de nuestro estado de entrenamiento y del objetivo específico, podremos comer cuando lo necesitemos, ya que en movimiento, nuestro organismo se encargará de quemar lo que vayamos comiendo y de no almacenarlo.

Después del entrenamiento, nos tocará reponernos de todo, hidratarnos, tomar minerales, aminoácidos, recarga de hidratos…